Por: M.C. David I. Hernandez
En el discurso global sobre sostenibilidad existe una idea que se ha vuelto casi incuestionable: la economía circular representa el siguiente paso lógico para construir sistemas económicos más resilientes, eficientes y compatibles con los límites ecológicos del planeta. Gobiernos, organismos internacionales y empresas la presentan como una estrategia capaz de desacoplar crecimiento económico del consumo creciente de recursos. Sin embargo, cuando este modelo aterriza en países como México, y en Estados como Chihuahua, aparece una realidad menos visible: la economía circular no fracasa por falta de ideas, sino por falta de condiciones para implementarlas.
Durante décadas, México y gran parte de América Latina han construido su inserción económica sobre cadenas productivas intensivas en extracción de recursos, manufactura de bajo valor agregado y consumo lineal. La transición circular suele imaginarse como una cuestión técnica: reciclar más, generar menos residuos o incorporar tecnologías limpias. Sin embargo, la evidencia científica reciente muestra que el problema es considerablemente más profundo.
La literatura señala que las economías emergentes enfrentan obstáculos estructurales que dificultan adoptar modelos circulares bajo las mismas reglas que las economías industrializadas. Entre ellos destacan la presencia de infraestructura insuficiente, acceso limitado a financiamiento, baja capacidad tecnológica, incertidumbre regulatoria y sistemas educativos que todavía no incorporan de forma amplia competencias asociadas con innovación sostenible y pensamiento sistémico (Lobaco-Quintana et al., 2024).
México puede ser una muestra clara de esta realidad. Por un lado, posee uno de los mayores potenciales regionales para desarrollar economía circular: disponibilidad de residuos urbanos y agrícolas, cadenas agroalimentarias extensas, sectores manufactureros consolidados y una base científica creciente. Por otro lado, gran parte de las iniciativas permanecen confinadas a pilotos, proyectos demostrativos o esfuerzos aislados que rara vez escalan hacia transformaciones estructurales (Munoz-Melendez et al., 2021).
La brecha tecnológica aparece como uno de los principales cuellos de botella. Implementar circularidad exige capacidades que van más allá del reciclaje convencional: trazabilidad de materiales, biotecnología, automatización, infraestructura logística, plataformas digitales, valorización avanzada de residuos y sistemas de medición ambiental. Estas herramientas requieren inversión sostenida y horizontes de planeación que frecuentemente están fuera del alcance de pequeñas y medianas empresas mexicanas.
La situación se vuelve más compleja porque el mercado tampoco siempre recompensa la transición. Diversos estudios sobre percepción social y desempeño empresarial muestran que muchas empresas identifican beneficios potenciales de la economía circular, pero encuentran pocos incentivos reales para asumir costos iniciales elevados o modificar procesos productivos que aún resultan rentables bajo modelos lineales (Padilla‐Rivera et al., 2024). En consecuencia, las decisiones empresariales suelen favorecer mejoras incrementales antes que transformaciones profundas. Las pequeñas y medianas empresas representan quizá el ejemplo más claro de esta tensión. Casos analizados en México muestran que el éxito de proyectos circulares depende menos del entusiasmo por la sostenibilidad y más de factores concretos: disponibilidad de infraestructura, acceso a tecnología, regulación clara y consumidores dispuestos a reconocer el valor agregado de productos circulares (Cantú et al., 2021). Cuando estos elementos no existen, incluso las iniciativas técnicamente viables encuentran dificultades para sobrevivir. Al mismo tiempo, la evidencia también muestra que cuando la innovación sostenible logra incorporarse a modelos empresariales adecuados, los resultados pueden extenderse más allá del componente ambiental. Se observan mejoras en desempeño económico, fortalecimiento organizacional y generación de valor social, especialmente cuando existe acompañamiento institucional y colaboración entre actores públicos y privados (Rodríguez-Espíndola et al., 2022).
La transición circular en México, por tanto, no parece depender únicamente de nuevas leyes ni de campañas para separar residuos. Requiere cerrar una brecha histórica entre generación de conocimiento y capacidad de implementación. Y es precisamente ahí donde aparece uno de los desafíos más relevantes para la próxima década.
Las universidades y centros de investigación han comenzado a consolidarse como actores estratégicos para producir evidencia, desarrollar tecnologías apropiadas y formar capital humano especializado. Sin embargo, el conocimiento científico por sí solo no transforma territorios. Del otro lado existen emprendedores, empresas emergentes y productores que conocen los problemas reales del mercado pero que frecuentemente operan sin acceso suficiente a infraestructura científica o acompañamiento tecnológico.
Si la economía circular quiere convertirse en una estrategia de desarrollo y no únicamente en una narrativa de sostenibilidad, México necesita construir puentes más sólidos entre ambos mundos. Fortalecer los vínculos entre investigadores y emprendedores puede acelerar la transferencia tecnológica, reducir riesgos de adopción, generar modelos de negocio adaptados al contexto local y transformar conocimiento en soluciones escalables. En un país con grandes desafíos ambientales y productivos, la circularidad probablemente no surgirá de importar modelos terminados, sino de crear ecosistemas donde ciencia, innovación y emprendimiento trabajen como parte de una misma cadena de valor.
Cantú, A., Aguiñaga, E., & Scheel, C. (2021). Learning from Failure and Success: The Challenges for Circular Economy Implementation in SMEs in an Emerging Economy. Sustainability. https://doi.org/10.3390/su13031529
Lobaco-Quintana, P., Inga-Morán, K. V., Palacios-Estrada, M., & Herrea-Villegas, J. J. (2024). Desafíos de la economía circular para el crecimiento sostenible en países en desarrollo. Space Scientific Journal of Multidisciplinary. https://doi.org/10.63618/omd/ssjm/v2/n1/25
Munoz-Melendez, G., Delgado-Ramos, G., & Diaz‐Chavez, R. (2021). Circular Economy in Mexico. Circular Economy: Recent Trends in Global Perspective. https://doi.org/10.1007/978-981-16-0913-8_16
Padilla‐Rivera, A., Brizard, M. M., Merveille, N., & Güereca-Hernandez, L. (2024). Barriers, Challenges, and Opportunities in the Adoption of the Circular Economy in Mexico: An Analysis through Social Perception. Recycling. https://doi.org/10.3390/recycling9050071
Rodríguez-Espíndola, O., Cuevas-Romo, A., Chowdhury, S., Díaz-Acevedo, N., Albores, P., Despoudi, S., Malesios, C., & Dey, P. (2022). The role of circular economy principles and sustainable-oriented innovation to enhance social, economic and environmental performance: Evidence from Mexican SMEs. International Journal of Production Economics. https://doi.org/10.1016/j.ijpe.2022.108495


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