Hugo González vs Brighite Granados: choque en Morena por actos de Andrea Chávez

La disputa interna en Morena dejó de ser discreta y ya tiene nombres y episodios concretos. De un lado, Hugo González; del otro, Brighite Granados, en medio de cuestionamientos por su asistencia a eventos vinculados con la senadora Andrea Chávez.

El punto de quiebre fue la participación de Granados en una asamblea donde tuvo presencia Chávez, lo que detonó inconformidad entre cuadros del partido que interpretaron el hecho como una señal de respaldo anticipado. La crítica no fue menor: a la dirigente estatal se le exige actuar como árbitro del proceso interno, no como actor con inclinaciones visibles.

La reacción llegó desde el Consejo Estatal. González empujó un acuerdo de “neutralidad” que será votado este domingo y que busca impedir que integrantes del Comité Ejecutivo Estatal —incluida la presidencia que encabeza Granados— acudan a eventos o manifiesten apoyo a aspirantes a la gubernatura.

Aunque en el discurso se plantea como una regla general, dentro de Morena se lee como un mensaje directo: frenar intervenciones como la que ya ocurrió. El propio González ha insistido en que la dirigencia debe mantenerse al margen para evitar “cargadas” y garantizar que el proceso se defina sin injerencias.

El contraste entre ambos perfiles ha alimentado la tensión. Mientras Granados ha defendido su presencia en el evento bajo el argumento de que se trató de una actividad informativa y no de un respaldo político, consejeros y liderazgos locales consideran que el daño ya está hecho: la percepción de parcialidad quedó instalada.

A esto se suma un elemento que incomoda hacia adentro del partido: la aplicación desigual de la “neutralidad”. La propuesta de González restringe a la dirigencia, pero deja en libertad a los consejeros para expresar preferencias, lo que evidencia que el problema no está en la militancia, sino en quienes tienen poder de conducción.

En los hechos, el Consejo Estatal intenta poner un límite a la presidencia del partido en Chihuahua y marcar distancia de decisiones que han generado desgaste interno. No es un ajuste menor: es un jalón de control político en plena antesala del proceso para definir la candidatura al gobierno estatal.

Morena en Chihuahua entra así a una etapa donde la disputa ya no es solo entre aspirantes, sino también dentro de su propia estructura. Y en ese terreno, el mensaje de González es claro: la dirigencia no puede jugar a dos bandas sin poner en riesgo la legitimidad del proceso.