Sobre la recuperación y la fe: en la opinión de Miguel Valdez Aguirre

Gonzalo Cervantes, director de Doxa, clínica para adicciones, adicto con más de veinte años sin consumir, me pidió leer el borrador de un libro que pronto saldá publicado. Entre otros asuntos,reflexiona sobre la fe como un principio espiritual de su programa. Me maravilló la autenticidad de sus puntos de vista y la sencillez con que se expresa.

Aclara, de inicio, que no se refiere “a esa fe espectacular donde las imágenes religiosas lloran sangre, se mueven o suceden fenómenos inexplicables”, como los milagros, la magia o actos sobrenaturales.

Se refiere a algo que él llama fe como principio espiritual activo, una fe que se construye, se fortalece y se sostiene con información, reconocimiento de la realidad y la práctica constante.

Y lo explica con mucho cuidado. Desde su perspectiva, la fe es la convicción profunda de que algo va a suceder, aun cuando parezca imposible, porque existe un proceso lógico, una evidencia previa y una práctica que la respalda.

No es creer a ciegas, fantasía ni pensamiento mágico. Sí es confianza progresiva, y pone un ejemplo muy simpático. Dice:

Supongamos que yo quiero ir a Tangamandapio.

No sé dónde está. Nunca he ido. No tengo idea de cómo llegar.

Si alguien me pide que lo lleve a Tangamandapio, lo primero que voy a sentir es miedo, porque no tengo información. Y el miedo siempre nace de la ignorancia.

Pero si tomo un mapa y descubro que Tangamandapio está en el estado de Michoacán, ya no estoy completamente perdido. Me doy cuenta de que desde Chihuahua tengo que recorrer muchos kilómetros, sí, pero ahora ya sé hacia dónde voy.

Si además uso Google Maps, mi confianza aumenta todavía más.
Veo rutas, tiempos, desviaciones, carreteras.Empiezo a sentir que sí es posible llegar.

Cuando finalmente me subo a un camión o a un automóvil rumbo a Tangamandapio, sigo teniendo algo de miedo, pero ahora ese miedo está acompañado de confianza. Voy revisando el mapa, confirmando que voy por el camino correcto. Y cuando finalmente llego a Tangamandapio, mi fe ya no es una suposición: es una certeza.

Si después regreso a Chihuahua y vuelvo a Tangamandapio varias veces (…) cada viaje reduce el miedo y aumenta la confianza.

Llega un punto en el que tengo tanta seguridad que podría incluso irme caminando, porque ya conozco el camino.

Eso es la fe construida con práctica. No aparece de un día para otro.
Se construye con información, acción y repetición.

Exactamente igual funciona la recuperación.

Un día sin consumir es un acto de fe.

Cuando una persona con Trastorno por Uso de Sustancias logra un día sin consumir, ese día es un acto de fe, no importa si fue difícil, si hubo ansiedad o miedo.

Ese día cuenta.

Un día sin consumir es un día de éxito, de fe, de confianza, de reconexión. Cuantos más días se acumulan, más grande se vuelve la fe.

La fe no nace porque “ya no quiero consumir”. La fe nace porque ya he comprobado que sí puedo vivir un día sin consumir.

Cada día sin consumo fortalece la fe, resta el miedo y reconstruye la conexión con Dios, como cada quien lo entienda.

La fe no es una emoción. Es una experiencia acumulada.

Y cuando la fe crece, la persona deja de preguntarse: “¿Y si no puedo?”

Y comienza a afirmarse: “Ya pude antes. Puedo hoy.”

Conclusión:afirmo con certeza que la fe no es creer que todo va a salir bien;
la fe es saber que, aunque sea difícil, puedo seguir avanzando.

Un día sin consumir es un acto de fe. Muchos días sin consumir son una vida nueva en construcción.

Y esa fe —practicada, sostenida y vivida— es uno de los pilares más sólidos de la recuperación”.

Le he dado muchas vueltas al escrito de Gonzalo. Tiene una convicción muy sólida. Su libro ya está en imprenta. Ya lo espero y lo recomiendo. Así como lo define, me devolvió la fe y la creencia en los milagros producto del trabajo. Mi padre fue uno de ellos.

Felices fiestas.