La remoción del titular de la Dirección General de Materiales Educativos (DGME), Marx Arriaga, fue operada de manera lamentable, torpe y contra la dignidad del removido. Se escucharon tambores de guerra. Esta sacudida permite que los ciudadanos se informen y la información, como la verdad, nos hará libres.
No obstante, la verdad es la primera víctima de todas las guerras.
A partir de que se desata un conflicto, todo lo que se diga acerca de él es una versión de los hechos, una narrativa incompleta, interesada, una interpretación de lo ocurrido.
Quien pretenda informarse tiene la responsabilidad de saber que todas las versiones algo dicen, algo tuercen y algo ocultan.
Afortunadamente, por sobre lo que digan los locutores de televisión y radio que hablan desde el centro de la república; lo que digan los periódicos, televisión y el radio de Chihuahua, Juárez y demás ciudades con menos población, el pueblo escucha, ve, lee, se expone a Facebook, YouTube y demás redes sociales, y se forma una opinión propia, de acuerdo a su juicio crítico, aunque les pese a los grandes comunicadores.
Pues de ese pueblo vengo y comparto mis reflexiones.
Marx Arriaga fue nombrado por el Ejecutivo Federal encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, aunque operaran la Secretaria de Educación Pública, Delfina Gómez o quien fuera, pero la responsabilidad recayó en el presidente en turno.
La encomienda para Marx fue clara: elaborar libros de texto para estudiantes, padres y docentes de preescolar, primaria y secundaria, conforme al modelo de la Nueva Escuela Mexicana.
Marx Arriaga con su equipo, nombrado por él mismo, por la titular de la SEP o por el presidente, cumplió con su encargo: elaboraron más de cien libros que ya están en las escuelas y disponibles en internet (libros.conaliteg.gob.mx), para revisarlos hoja por hoja. Cumplió. El equipo coordinado por Marx Arriaga y miles de docentes de todos los niveles hicieron posible la meta en tiempo récord.
Algunas personas de su equipo se quejan de exceso de trabajo, jornadas de muchas horas, sobre todo en tiempos críticos, malos tratos y organización de aportaciones que fueron interpretadas como malos manejos.
Marx Arriaga, como don Quijote y otros locos, se enamoró de su trabajo y quiso continuar en su función más allá de un ciclo, una administración, un nuevo equipo.
Se nombró a otra persona para que ocupara su función, como ocurre cuando se nombra otra persona en la dirección, supervisión, secretario/a o subsecretario/a; o cuando se cambia de representantes sindicales; o cuando se eligen autoridades en municipios, estados o país.
Se critica que el nombramiento de Nadia López García, la nueva titular de Materiales Educativos, quien sustituye a Marx Arriaga es una decisión vertical, sin convocatorias ni consensos. Luego se refiere a Paulo Freire, porque no se atiende a los docentes en las decisiones y que cuando hay desacuerdos se actúa con los mecanismos administrativos de siempre.
En este régimen, según la Constitución, así son todos nombramientos de los empleados del poder ejecutivo.
Tener el gobierno no es igual que tener el poder. Brincos diéramos. El poder es el conjunto de factores que marcan el camino válido y posible que un gobierno y la sociedad pueden seguir por la legalidad, lo otro, es hacer la revolución y este cambio es pacífico. El gobierno no es todo el Estado. Debe considerar las leyes, la correlación de fuerzas de la sociedad civil, partidos políticos, pesos económicos, y todos los llamados poderes fácticos (¿qué es eso?, preguntó Xóchitl).
En resumen:
Los libros de texto gratuitos y el modelo educativo de la Nueva Escuela Mexicana continúan.
Los nombramientos, quién llega y quién se va, son temporales y son facultad del Ejecutivo.
La remoción de Marx Arriaga fue operada de manera lamentable.
Su función había concluido y la derecha aprovechó su irritación para incendiar.
Quiso que ardiera Troya.
Ni siquiera levantó una brasa.
Al rato se disipará el humo.

